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Publicado el: Jue, Oct 24, 2013

LA NUEVA ERA, TIEMPOS DE NATURA

Arbol de la Vida9x6Entender la diferente dimensión entre el tiempo del hombre en la Tierra y el tiempo de la vida en el planeta, es parte del conocimiento de científicos o parte del estudio que rara vez se asimila en nuestras relaciones sociales o con la naturaleza.

 Existen especies que esperan toda una vida para florecer, lo hacen por algunos minutos y mueren. Cada especie tiene su tiempo, el humano involucra solo nuestro tiempo y espacio, corresponde a nuestra dimensión de las cosas, pero la necesidad de conocer nuestro origen, de sustentar una verdad sobre la cual vivir, nos lleva con arrogancia a calendarizar una causa primera, pero irresponsablemente, a ignorar el futuro.

Esta lógica prioriza el utilizar el conocimiento científico para prolongar la vida humana presente, pero juega con las expectativas de vida de las futuras generaciones.

Sin embargo esto está cambiando, la naturaleza reacciona en tiempos breves a la intervención humana, busca reestablecer los equilibrios. La reacción más inmediata es el calentamiento global, altera los factores que han condicionado el clima en el planeta y afecta, en menor o mayor medida, a todas las especies.

Una de las características de nuestra especie es la reacción al temor y el terror. El temor ha sido utilizado desde los tiempos tribales por liderazgos de Clanes, Principados, Estados, por las religiones y sigue siendo usado hasta hoy, incluso por las actuales campañas políticas electorales.

El pobre es amenazado es sus condiciones vitales y su libertad, el rico, con el despojo de sus pertenencias y su inseguridad, esto hace sobrevalorar el presente y condiciona respuestas a lo inmediato, incluso nos condiciona a vivir de lo mediático.

¿Quién se preocupa entonces del mundo de nuestros nietos y sus hijos? ¿Dónde están los valores construidos por la humanidad que nos reconoce como una especie evolucionada?

Los grandes consorcios estimulan un consumo ilimitado; se fomenta un mercado transgénico sin prever consecuencias a futuro; se legisla favoreciendo condiciones a empresarios inescrupulosos que contaminan ríos, lagos y mares; la industria farmacéutica lucra con las condiciones sanitarias más apremiantes para la humanidad y simultáneamente, la industria de las comunicaciones dirige nuestras agendas hacia lo menos trascendente para la humanidad.

Pero somos parte de los cambios, la humanidad toma conciencia del factor ambiental y de la dependencia que tenemos sobre nuestro ecosistema. Es un cambio en la matriz valórica del ser humano, somos producto del azar y de una evolución que se genera en las condiciones de la naturaleza.

Reconocemos atributos de perfectibilidad en la especie, pero su finalidad deja de existir en el plano de la divinidad y se concentrará inevitablemente, en una nueva concepción de equilibrios de la naturaleza. No seremos mejores por parecernos a Dios, ni por sobrevalorarnos en relación al resto de las especies que habitan el planeta, seremos mejores porque comprendemos el valor de la diversidad biológica y con humildad nos reconocemos como parte de ella, valoraremos la individualidad en un justo equilibrio con la coexistencia de nuestro ecosistema. Definiremos la humanidad y sus valores trascendentes con un enfoque planetario, sistémico, integrado e integrador.

¿Cuánto tiempo humano nos llevará este cambio de Era?

Probablemente varias generaciones.  José Martí ya hablaba de la necesidad de comprender la relación entre la justicia social y los equilibrios de la naturaleza, sin embargo, será la sabiduría para elegir nuestros liderazgos lo que acorte o retrase los tiempos del caos o la inestabilidad.

Usted ya está cambiando, o acaso no percibe una disposición diferente ante el maltrato animal, ante la valoración del aire puro, del agua potable transparente, de los espacios verdes por sobre el manto de cemento. Lo que hace falta, es la correcta orientación política hacia estas nuevas prioridades, la renovación ideológica que permita la recuperación de los sueños e ideales que no se basen en el miedo y el terror, sino, en una racionalidad que instale nuevamente como prioritaria, la supervivencia de la especie humana.

Héctor R. Jara Paz

Octubre de 2013.

 

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